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Gran Bretaña, 1945 El Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería de nueva cuenta abre sus puertas para todas aquellas mentes emocionadas y expectantes de las maravillas de un nuevo año escolar. Amigos que no se han visto desde hace tiempo, queridos profesores de caras sonrientes y exigencias de un nuevo curso escolar, todo pareciera estar perfectamente calculado, todo esta planeado y se pronostica, que aquel año escolar será uno de los más anhelados y aceptados por los estudiantes. Pero no todo es lo que parece y ciertamente el plan de cierto grupo de estudiantes no es precisamente pasar sus últimos años en el colegio de manera pacífica, ellos quieren causar un cambio, quieren una revolución, quieren iniciar la diferencia en su mundo y no precisamente de la manera correcta ni por los motivos idóneos. Tom Riddle extrañamente comienza a mostrar maneras mucho más encantadoras que las del extraño chico que se conoció de primer a quinto curso, se le nota más seguro, constante y decido, sus palabras suaves como el susurro de una serpiente han comenzado a cautivar a la casa de Slytherin, prometiendo poderes y riquezas inimaginables sencillamente por participar como bulto en su movimiento revolucionario, la prudencia nunca se ha dado con las serpientes y cuando el poder se menciona y la pureza de una casta sale a relucir, casi nadie está dispuesto a negarse.





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The Prohibited is Tempter {Reservado para Abraxas}

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The Prohibited is Tempter {Reservado para Abraxas}

Mensaje por Vanessa S. Vercetti el Dom Abr 21, 2013 8:06 am

{17 de noviembre de 1945,a las diez horas}

Hoy era un sábado, pero no un sábado cualquiera que significaba libertad de las tareas escolares. No señoras y señores, hoy era la primera gira a Hogsmeade, lo cual significaba varias sola cosa, diversión , compras, risas y charlas. Bueno casi, pero no para Vanessa Vercetti que significaba un fuerte dolor de cabeza la maldita monotonía de ir a tantas compras y tanta diversión inmadura y estúpida. Pero en fin, hoy por la firma de sus progenitores en estos momentos ella y un grupo de alumnos mayores estaba en una hilera esperando las indicaciones de los profesores para bajar del colegio hacia el pintoresco lugar, aunque la rubia desearía mil veces que sus padres no firmaran el permiso para así encerrarse en la biblioteca a leer varios libros de la Sección Oscura. Pero en el fondo el odio que tenía la rubia al Hogsmeade era tan solo una fachada ha que en el fondo quería ir a ese lugar por tan solo una sola cosa o más bien por un sitio en específico, la Casa de los Gritos. Si mis queridos amigos, la razón por la cual realmente iba a Hogsmeade con los demás era un misterio para mucho ya que la chica solía dar ideas a sus compañeros de Slytherin de que deberían haber mas tiendas para el disfrute de todos, o cerrar el lugar, pero no ella iba a ir al lugar por tan solo ir al sitio prohibido. La Casa de los Gritos, lugar donde supuestamente estaban los brujos de mala muerte, lugar donde se escuchaba los gritos de tortura, lugar donde había pisos crujientes y rotos por el comején, lugar donde los licántropos se reunen en búsqueda de su propia presa, lugar de magia oscura y tenebrosa, entre otras escusas y palabredurías para describir el lugar de encanto de nuestra rubia. Ella solo le atraía ese lugar porque le tentaban los gritos y el placer del dolor ajeno que se escuchaba en el viejo y misterioso lugar, tanto así que ella lo que mas veces ha visitado fue esa tenebrosa casa que el Bosque Prohibido. Y como ella decía en su humilde opinión, lo prohibido es tentador.

Cuando los profesores indicaron que ya se podían salir, pero en orden y no como bestias salvajes en búsqueda de su presa, la rubia salió junto a sus compañeros Slytherin como si nada. Caminó varios kilómetros de unos helados y pedrados caminos, hasta que por fin vieron varias casas con nieve en el techo. Luego de hecho una avalancha de adolescentes con hormonas revueltas salió corriendo como coyotes hambrientos hacia todas las tiendas insignificantes de Hogsmeade,mientras que Vanessa miraba con desdén todo esa manada de seres inferiores en su intelecto y madurez corriendo emocionados por su supuesta libertad de las clases. Entonces esperó que todo ese gentío, y la supervisión de los adultos de ese lugar se fueran para que la chica hablara con sus pocas compañeras Slytherin que se quedaron a su lado justo al frente de la Cabeza de Puerco.. - Chicas, tengo que ir al baño de Cabeza de Puercos a ser mis necesidades y a retocarme para ir a la Casa de los Gritos. Así que nos vemos luego.- les susurro en el oído. Entonces les hizo una reverencia , luego se fue al baño a hacer lo que les dijo y al final salió cuando nadie la estaba mirando, se fue corriendo.

Pasó tres minutos desde que la chica se fue corriendo de Hogsmeade hasta que por fin se escuchó gritos de súplica y dolor, la rubia sabía que estaba en su lugar favorito. -¡Vaya, al fin llegué!- exclamó, pero a la milésima de segundo su sonrisa de placer se borró. -Pero vamos, vamos Vanesa, no te rías por favor. hay que ser prudentes por si alguien te coge infraganti. Mira si hay un profesor que conozcas por ahí y si no hay nadie entra con cuidado, si o escapa.- se dijo así misma y miró a su alrededor. Cada rincón, cada sombra de gente caminando cerca de las afueras de la Casa de los Gritos y cada pisada fue analizada minuciosamente. Pasaron unos doce minutos de revisión hasta que por fin notó que no había moros en la costa. - Bien, no hay ningún soplón ni ningún adulto en estos lares, así que por fin puedo entrar. Pero con precaución.- musitó algo desconfiada, pero aliviada Vanessa y se fue caminando de puntitas, pero con el corazón en las manos y algo de desconfianza en la Casa de los Gritos.

Entonces al entrar al tenebroso sitio solo el eco del crujir de los pisos de madera se escuchaba por cada pisada de la muchacha. Se sentó en una de las sillas que reposaba al frente de la escalera de una madera antigua en slencio, hasta que por fin escuchó otro grito de dolor. - Ohhh, al fin y sin que nadie me cogiera.- suspiró la chica alegremente mientras del bolsillo verde de su pantalón sacó una caja de cigarrillos y un encendedor. Entonces cogió un cigarrillo de la caja, luego guardó la caja y prendió el cigarrillo, y al final comenzó a fumarlo placenteramente,mientras que, deleitaba de placer con los fuertes gritos de dolor del que sería el futuro licántropo. Las súplicas, los gritos, los lloriscos y el grito de los Hombres Lobos le producían mas placer que el sexo mismo, si total la chica se lo gozaba como si hubiese conjurado un hechizo oscuro. De pronto la chica vio a alguien entrar que inmediatamente reconoció, pero que no se asustó del todo, al contrario se alegró de verlo. - Yo sabía que vos ibas a venir. - dijo finalmente al desconocido que entró.

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Re: The Prohibited is Tempter {Reservado para Abraxas}

Mensaje por Abraxas N. Malfoy el Mar Abr 23, 2013 6:43 pm

Caminaba con las manos en los bolsillos de sus pantalones típicos de los cuarenta, con la mirada gris acero imponente y erguida hacia delante como si nada hubiese podido pararlo en aquel momento. Su grupo hablaba alrededor con voces serias y moderadas, caminando a la par de Abraxas mientras los demás, parecían abrirle paso con tan solo una gélida mirada. Tom no iría a esa salida, sino que aprovecharía para leer libros de la sección prohibida, ordenándole prácticamente que fuese él para no levantar sospechas de nada, nunca se podía quedar cierto grupo de Slytherin solos en un castillo enorme y silencioso cuando sospechaba que Dumbledore, tenía sus analíticos ojos puestos sobre ellos, y mucho más sobre el joven señor oscuro. Con el resonar de sus pasos hacia la puerta y unas cuantas miradas encima, el rubio se concentró en recordar la nota que le había dejado aquella chica mitad veela, con la que alguna vez, había tenido un desliz. “La Casa de los Gritos”, había escrito pulcramente sobre el pergamino leído ávidamente por sus ojos temerarios, no sabía que quería, y en cierta forma, tampoco le interesaba demasiado, pero, nunca se podía dejar a una dama esperando, ¿no era eso cierto?. Sonrió de medio lado con peculiaridad y una pizca de encanto cuando llegó a la puerta y confirmaban su permiso, esperando con premisa a ver qué tenía ella que decirle. Esperaba que algo que valiese lo suficientemente la pena como para entretenerse un rato.

Durante el viaje a Hogsmeade no dijo casi nada, solamente enfocaba sus ojos grises en cosas importantes o que le llamaran la atención, y el resto de la mañana, lo pasó entre tienda y tienda con los mocosos escandalosos y con Orion, el cual parecía tener una cara más de disgusto que neutral, algo perfectamente entendible para él. Recordando la nota sobre su mesa de trabajo, se disculpó con unas rápidas palabras de su compañero de Slytherin e ignoró olímpicamente a las presentes féminas que parecían decepcionadas con su partida, algo que no tenía demasiada relevancia dado a que no estaba interesado en convertirse en atracción turística o algo parecido. Con el andar parsimonioso y su cómodo traje gris, Abraxas se dirigió sin más preámbulos a aquella casa, con más historias malas que buenas y suficientemente creíbles como para tener su atención, la verdad es que parecía que nadie sabía que allí se ocultaban ciertas criaturas para su transformación, y al ver el sol despuntando al fondo del panorama, no pudo sino fruncir el ceño por la hora pautada. ¿Iba a quedarse allí dentro?

Lo comprobó mientras ignoraba los chillidos de fondo, concentrándose en la melena rizada y rubia de Vercetti que parecía brillar como oro reluciente entre la podredumbre, no evitando acordarse de aquella vez cuando había deleitado a su olfato con el aroma que ella despedía mientras estaban demasiado cerca como para que él pensara con la cabeza y no con el deseo. La madera bajo sus zapatos lustrados crujió a causa de su peso, llamando la atención de ella la cual volteó inmediatamente con su rostro níveo sin mucha expresión. Por conocerla tanto, sabía que en el interior estaba sonriendo por verlo allí, y su orgullo no hacía más que revolotear a su alrededor con aire ganador e inspirador, aunque aquella sensación había sido más fuerte con Lucinda y sus sonrojadas mejillas.

Vanessa… — su seductora voz hizo lo suyo cuando su sonrisa de cazador apareció en una de las comisuras de sus labios. Aún con el bullicio de fondo, tenía los bríos suficientes como para deleitarse con aquel regalo a la vista que significaba la rubia para el ojo masculino, aunque para él, Dorea seguía siendo una diosa por encima de cualquiera. Si no podía tenerla a ella, ¿qué más daba? —, no pensé que ibas a tomarte la molestia de traerme hasta aquí — dijo ahora relajando un poco la voz, pasando frente a ella para sentarse en un sillón medio descuidado al otro lado de la pequeña habitación. La miró de arriba a abajo con sus penetrantes ojos grises y la sonrisa de su boca no se despegó —. Podrías haberme concretado una cita en tu habitación — dijo bastante convincente, sin embargo, aquello era una broma de poca monta. Era bastante caballero como para recalcarle ciertas cosas después de lo que había pasado, sin embargo, no podía dejar que ella olvidara el hecho por ningún motivo. Su ego masculino lo obligaba a hacerse recordar vívidamente.

Disculpa la tardanza

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